La inteligencia artificial llegó para quedarse, y el mundo del derecho no es la excepción. Hoy existen herramientas capaces de buscar jurisprudencia en segundos, resumir expedientes completos o proponer el borrador de un escrito complejo. Muchas personas me preguntan si esto significa que ya no se necesitan abogados, o si pueden resolver su problema laboral preguntándole directamente a un chat. En esta entrada te doy mi visión, desde la práctica diaria de la litigación, sobre lo que la IA puede hacer, lo que no puede hacer y por qué la supervisión de un profesional sigue siendo indispensable.
La inteligencia artificial viene a cambiar el panorama legal
Sería un error negar el impacto de la inteligencia artificial en el ejercicio del derecho. Bien utilizada, es una herramienta que cambia la forma de trabajar en muchos aspectos:
- Automatización de búsquedas de jurisprudencia y legislación: Lo que antes tomaba horas de revisión de fallos puede hacerse en minutos, identificando criterios de la Corte Suprema, de las Cortes de Apelaciones y de los tribunales del trabajo.
- Análisis de grandes volúmenes de información: Contratos, liquidaciones, correos o expedientes extensos pueden ser revisados y ordenados con mucha mayor rapidez.
- Redacción de escritos complejos: La IA puede ayudar a estructurar una demanda, un recurso o un informe, proponer borradores y detectar omisiones.
- Apoyo en la toma de decisiones: Bien empleada, permite contrastar escenarios, identificar riesgos y preparar mejor una estrategia.
En mi trabajo utilizo estas herramientas, y puedo decir con propiedad que, cuando se usan correctamente, permiten dedicar más tiempo a lo que realmente importa; analizar el caso, preparar la prueba y preparar el juicio.
Para usar bien la IA, primero hay que saber usarla
Ahora bien, la inteligencia artificial no es una herramienta mágica. Su utilidad depende directamente de la capacitación de quien la usa. Un profesional que quiera incorporarla seriamente a su trabajo necesita, al menos:
- Saber elegir el modelo de lenguaje correcto: No todos los modelos (conocidos como LLM, por sus siglas en inglés) son iguales. Algunos razonan mejor, otros manejan mejor textos extensos y otros son más precisos en tareas técnicas.
- Invertir en modelos de frontera de buena calidad: Las versiones gratuitas o de menor capacidad suelen cometer más errores. En un área donde un error puede costar un juicio, la calidad de la herramienta no es un detalle.
- Conectar la IA con fuentes jurídicas confiables: Hoy existen conectores, conocidos como MCP (Model Context Protocol), que permiten que el modelo consulte bases de datos de legislación y jurisprudencia verificadas, en lugar de responder solo con lo que “recuerda”. Los buenos conectores también son servicios pagados, y marcan una gran diferencia en la precisión de las respuestas.
- Saber preguntar: La calidad de la respuesta depende en gran medida de la calidad de la instrucción. Formular bien una consulta jurídica exige, justamente, conocimiento jurídico.
- Proteger la información del cliente: Los antecedentes de un caso están cubiertos por el secreto profesional y contienen datos personales. Usarlos en herramientas de IA exige cuidado y cumplimiento de la normativa de protección de datos, como la nueva Ley N° 21.719.
La supervisión humana es fundamental
Hay algo que todo usuario de inteligencia artificial debe entender; un modelo de lenguaje siempre responde, y lo hace con respuestas que suenan razonables y bien redactadas. El problema es que, a veces, esas respuestas están equivocadas. Puede citar un artículo que no dice lo que afirma, mezclar criterios de distintos tribunales o incluso inventar fallos que no existen. Y esto ya ha tenido consecuencias; en Chile, a comienzos de 2026, un juzgado de Concepción multó a un abogado por citar en un escrito jurisprudencia inexistente generada con inteligencia artificial, y casos similares se han conocido en otros países.
La razón de fondo es que la IA responde sin responsabilidad. No tiene conciencia de las consecuencias que sus errores pueden causar; no pierde un juicio, no ve a un trabajador quedarse sin su indemnización, no responde ante un tribunal ni ante un colegio profesional. Por eso, todo lo que produce una IA debe ser revisado, verificado y validado por un profesional que sí asume esa responsabilidad.
El riesgo de consultar a la IA sin ser abogado
Cada vez más personas llegan a mi oficina después de haber consultado su caso con un chat de inteligencia artificial. Y en la gran mayoría de los casos, la respuesta que obtuvieron fue, en esencia, lo que querían escuchar.
Esto tiene una explicación. Cuando una persona que no es abogada consulta sobre su propio problema, suele hacerlo con preguntas sugestivas, es decir, preguntas que ya contienen la respuesta que espera; “¿Verdad que me despidieron injustamente si mi jefe me trataba mal?”, “¿Cuánto me corresponde por despido injustificado si trabajé cinco años?”. La IA tiende a seguir la línea de la pregunta y a confirmar el sesgo de quien consulta, sin cuestionar los hechos, sin preguntar por la prueba y sin advertir los riesgos.
El resultado es una falsa sensación de seguridad que puede llevar a decisiones equivocadas; renunciar cuando correspondía un autodespido, firmar un finiquito sin reserva de derechos, dejar pasar un plazo o iniciar un juicio sin prueba suficiente.
El valor de un abogado especialista: la respuesta objetiva
Un abogado especialista, con o sin ayuda de la inteligencia artificial, tiene la responsabilidad profesional de entregar una respuesta objetiva. Esa respuesta no se basa solo en lo que dicen los libros, las leyes o la jurisprudencia, sino sobre todo en la experiencia; en haber visto cómo se prueban los hechos, cómo reaccionan los testigos, cómo razonan los jueces y cómo terminan casos similares. Esa experiencia es algo que la IA no tiene.
Muchas veces, esa respuesta objetiva no es la que el cliente espera escuchar. Decirle a una persona que su caso no tiene prueba suficiente, que el monto que imagina no es realista o que un acuerdo es mejor opción que el juicio, no siempre es agradable. Pero es la realidad, y ese es el principal valor de un profesional serio. Sobre este punto te recomiendo leer mi entrada sobre cuándo ir a juicio y cuándo no.
La litigación es un ejercicio esencialmente humano
Hay un aspecto del trabajo del abogado litigante donde la inteligencia artificial no juega un rol directo; el juicio oral. Un juicio laboral se resuelve por una persona, el juez, y se debate en una audiencia oral, en vivo, donde no interviene la IA. Ahí lo que cuenta es la preparación, el temple y la experiencia del abogado.
En la audiencia, el litigante debe dominar habilidades que son el centro de la abogacía:
- El examen directo de los testigos propios, con preguntas abiertas que permitan al testigo relatar los hechos con sus propias palabras y de forma creíble.
- El contraexamen de los testigos de la contraparte, con preguntas sugestivas y cerradas, orientadas a fijar contradicciones e inconsistencias en su relato.
- Identificar la prueba relevante y presentarla de forma ordenada y convincente, conectándola con la teoría del caso.
- El alegato de clausura, u observaciones a la prueba, donde se explica al juez por qué la evidencia respalda nuestra versión de los hechos.
- La técnica del alegato oral, tanto ante el tribunal del trabajo como ante las Cortes, que exige claridad, síntesis y capacidad de responder en el momento a lo que ocurre en la audiencia.
Nada de esto puede delegarse en una máquina. Un testigo que duda, una respuesta inesperada en el contraexamen, una pregunta del juez que cambia el eje del debate; son momentos que se resuelven en segundos y que requieren criterio, lectura de las personas y experiencia en sala. Si quieres conocer más sobre cómo funciona una audiencia, te recomiendo leer mi entrada se acerca mi juicio laboral.
Mi forma de trabajar: tecnología al servicio de la experiencia
En mi práctica incorporo herramientas de inteligencia artificial de buena calidad para investigar, analizar y redactar con mayor rapidez y profundidad, siempre bajo mi revisión y responsabilidad. Pero el centro de mi trabajo sigue siendo humano; cuento con formación en técnicas avanzadas de litigación y con más de diez años de experiencia en juicios, con especial dedicación a la preparación de la prueba, el examen directo y el contraexamen de testigos. Son habilidades que se entrenan con estudio y práctica, y que ninguna herramienta puede reemplazar.
Preguntas frecuentes sobre la IA y los juicios laborales
¿Puedo usar la inteligencia artificial para preparar mi caso?
Puede ser útil para entender conceptos generales u ordenar tus ideas, pero no la uses para decidir qué hacer. Desconfía de las respuestas que confirman exactamente lo que esperabas, y valida siempre la información con un abogado antes de tomar cualquier decisión, especialmente si hay plazos corriendo.
¿La inteligencia artificial puede reemplazar a un abogado en un juicio?
No. En Chile, los juicios laborales se desarrollan en audiencias orales ante un juez, y la representación debe estar a cargo de un abogado habilitado, que responde profesionalmente por su trabajo.
¿Un abogado que usa IA es mejor o peor?
Depende de cómo la use. Un abogado capacitado, que utiliza herramientas de calidad y verifica todo lo que producen, puede trabajar con más profundidad y rapidez. Un uso descuidado, en cambio, puede introducir errores graves. La herramienta no reemplaza el criterio; lo potencia o lo expone.
Si tienes un problema laboral y quieres una evaluación objetiva de tu caso, escríbeme al email camilo@abogadojara.cl o al WhatsApp +56 9 8729 5022.
Si quieres revisar directamente las normas, puedes consultar el texto actualizado del Código del Trabajo en la Biblioteca del Congreso Nacional.